jueves, 14 de mayo de 2009

Cada verano aparece la Madame de Bratislava

PhotobucketComo siempre, y sin faltar, todos los veranos tenemos algún espectáculo con la médium de Bratislava, con espiritistas y otro tipo de monsergas.

Los anunciantes reparten a mano panfletos por los restaurantes, cafeterías, discotecas y por las playas mientras estas tomando el sol, inundan de papeles todas las zonas con la propaganda.
No recuerdo exactamente cuales son las palabras que emplean, pero tienen un tono agradable y reconfortante…
En grandes letras de color escarlata, que dicen:

¿Le gustaría a usted comunicarse con sus seres queridos que ya no se encuentran en la carne?

Recuerden que las personas queridas que ya partieron, los echa a ustedes de menos.

Cada tarde noche, desde las ocho y media, hasta las doce de la noche les estaremos esperando en ………a continuación de la dirección y del lugar hay la firma de la…

Madame de Bratislava…experta en ciencias ocultas de Bratislava.

El año pasado llegamos cuando la sala estaba ya llena de gente. Era un lugar muy oscuro donde se veía un altar y sobre este dos grandes urnas quemando incienso.
Aquello olía a todo, opio, coliflor, deposiciones de perro y a lavabo con inodoro. Casi me desmaye…sin embargo mi acompañante femenina, una veterana con grandes años de guerras sin cuartel y asidua clienta de gangas, me acomodo rápidamente en un taburete y empezó a abanicarme, tuvo bastante dificultad en reanimarme, pero lo soluciono rapidamente dándome unas cuantas patadas seguidas en las espinillas.

Al despejarme vi…Junto al altar a un zombi alto y de aspecto anémico, vestido con un uniforme parecido a un general ruso y un gran sombrero de seda.
El hombre nos pidió paciencia, y en tonos argentinos explico que antes de hacer acto de presencia, era necesario que la Madame sintonizara con su ectoplasma con el mundo de los espíritus.

El hombre con uniforme militar ruso seguía diciendo continuamente las mismas cosas, y que esperáramos que la Madame estaba concentrándose con el mas allá y cosas por el estilo, mientras aquellos humos fatales seguían saliendo de las urnas con la seguridad de atontarnos un poco y adormecernos.
Pero la pequeña dama que estaba a mi lado (hubiera sido una esposa perfecta) estaba resuelta a mantenerme despierto, cuando notaba que me adormecía debido a los humos, me propinaba inmediatamente una patada en las espinillas, no solamente me estaba narcotizando, si no que mis espinillas y tobillos empezaban a tomar un color rojizo como los tomates.,

De pronto se escucho el sonido sordo de unos tambores y apareció la Madame de Bratislava, con unos ochenta kilos de peso aproximadamente. Vestía un traje vaporoso con una larga cola que era sostenida por dos vetustos ayudantes. Su entrada fue acompañada de un tremendo codazo que recibí en mis costillas propinado por un chaval que tenia a mi izquierda, indicándome que tenia que poner cinco euros por barba, o sea cinco yo, y cinco mi acompañante en una cestita que pasaban los subalternos por toda la sala.

Cuando la obesa adivina de Bratislava se hubo sentado con toda la ceremonia posible, el hombre con sombrero de seda anuncio que los cinco euros que todo el mundo había echado en la cestita de mimbre no nos otorgaban ningún derecho, ni a ninguna comunicación astral.
Nos explico que aquello era el derecho de entrada, y nos indico que por diez euros más por barba, la Madame se pondría en contacto con cualquier amigo o pariente que hubiera tenido la suerte de haberla palmado.

--Dijo que:-- Si, ninguna de sus personas queridas ha partido, Madame responderá a cualquier pregunta que le hagan, No importaba cual fuese el tema: cotización en bolsa, resultados deportivos, cuanto tiempo vivirán o cualquier otra información que deseásemos, porque la Madame lo ve todo y lo sabe todo.

Al oír que hablaban de otros diez euros más, y mareado como estaba, me levante para dirigirme hacia la salida, pero mi bella compañera, levantándose rápidamente, me agarro los pantalones por la parte trasera y me obligo a sentarme de nuevo en el mismo lugar que ya llevaba más de una hora sentado.

--Me voy de aquí, no aguanto más—dije

--¡Tu no te vas! Dijo con mal humor—quédate ahí sentado y pon otros veinte euros ¡¡¡Tacaño!!!

--¡Oye!- - le dije en tono conciliador--. Acabo de echar diez euros. ¿Por qué tengo que echar otros veinte euros?
Ella no puede decirme nada que yo pueda oír.

--Quizás tu no quieras preguntarle nada – me dijo--, pero yo si.
Te he hecho venir aquí para comunicarme con el marido de mi tía que era mi tío favorito, y ya murió hace ocho años. Sin embargo sigue mandándome mensajes, y algunas noches vibramos juntos.

Madre mía pensé,…esta muy mal su patio de luces (cabeza).

--Le sugerí que le escribiera una carta, a ser posible sobre papel de amianto por si estaba en algún sitio raro (arriba o abajo).

--Me contesto--Venga calla y suelta los veinte euros ¡¡¡Tacaño!!!

--Pensé -- (Cría amigos y te sacaran los ojos).

Mientras, la Madame había entrado en trance, un trance muy profundo al parecer. Y con términos muy suaves, el hombre que siempre estaba ladrando eso y aquello, anuncio entonces que, aunque el cuerpo físico de la Madame estaba aun sentado en el trono imperial, su cuerpo astral estaba ya flotando en el país de Irás y no Volverás.
Añadió que, cuando regresara de su largo viaje, todos aquellos que hubieran echado diez euros en la cestita tenían derecho a preguntar sobre la vida pasada, sobre su vida presente o sobre su vida futura.

Me seguía mareando.

De pronto un gran petardo ilumino el escenario donde estaba la Madame de Bratislava.

Ella abrió los ojos y empezaron los extraños sonidos del más Allá, un ranga nanga impresionante para aquellos que les sube la adrenalina cuando el miedo se apodera de ellos, sus dos vetustos pajes empezaron a abanicar las urnas llenas de aquella porquería de incienso y otras hierbas, y la niebla perfumada lleno de tal manera la estancia, que en los alrededores de Calella todavía están alarmados.

Fue una señorita la primera incauta en proponer una pregunta a la Madame…Dijo que su marido no había muerto, sino que había desaparecido y pregunto cuando volvería. Bueno, no era necesario ser adivin@ para responder a aquella pregunta. Bastaba con echarle una mirada a la preguntona para saber que no volvería nunca más aquel marido.

La Madame consulto entonces con el militar ruso y, tras unos minutos de abracadabras y de sortilegios, anuncio que el marido de aquella mujer no regresaría al hogar de un modo definitivo hasta que hubieran pasado unos treinta años, y sonó un murmullo en toda la sal.

Entonces mi compañera levanto la mano para indicar que quería preguntar algo. Sin embargo fui más rápido que ella y conseguí levantar primero la mano.

--Pregunte--¿Dice usted que su reina puede responder a cualquier a cualquier cuestión que se le plantee?

--Así es – respondió el disfrazado general ruso

--¿Incluso si no se trata de alguna persona que haya fallecido?

--Madame no ha dejado de responder nunca a ninguna pregunta…me aseguro.

Entonces por favor dígame ¿Cuál es la capital de Dakota del Norte?

La madame y su fiel acompañante se quedaron pasmados, atónitos y desconcertados…Mi pregunta era sin duda algo estupida, teniendo en cuenta que ella había llegado del otro mundo hacia escasos minutos.

Sentada allí, rígida la reina se volvió entonces hacia el príncipe (por llamarle de alguna manera)…Por lo visto, el hombre ya se había enfrentado alguna vez con aquel tipo de problemas. Hizo una señal a los dos vetustos que estaban muy ocupados abanicando las urnas de incienso y les dio rápidamente unas cuantas instrucciones en voz baja.
No se que les dijo, pero se pusieron muy contentos. Lo primero que supe a continuación fue que me agarraron uno por cada brazo y me llevaron hasta la puerta principal. Me pusieron en la mismísima calle y yo gritando y reclamando mis quince euros y también la presencia de la policía (todo por este orden).

Nadie vino a socorrerme, me senté en la escalinata de piedra y aspire con satisfacción aire mucho más fresco y puro.

Una hora más tarde apareció mi acompañante femenina, sus ojos resplandecían y, me anuncio con mucha alegría que, a través la médium, había hablado con su tío difunto.

--Me ha dicho que esta muy pero que muy feliz.

--Ya lo entiendo—dije yo – Esto es porque tu tía todavía esta aquí, en este mundo.

Luego me contó que, después de esta sesión seguían con una subasta con las cosas que la Madame se trajo de su viaje astral, pero que se salió pensado que estaría ahí afuera esperándola

--Ya…Ya—replique

Fue una de estas noches tan entretenidas