sábado, 10 de enero de 2009

Canada ¡¡¡FIN!!!

Tercero y último día


Como siempre tuve que vestirme rápidamente, no se porque pero es una cosa habitual en el “deporte” de la pesca.

Nuestro amigo indio empezó a preparar el desayuno y, cuando vi que vertía en la sartén la misma pasta amarillenta y divise las salchichas esperando su turno, decidí que nunca más volvería a probar aquellos manjares, sino que cenaría algo ligero, como moscas, gusanos y otras lombrices.

Como la noche anterior Jorge me dio un vaso lleno de sales con agua fresca del lago,

vaya que fue una buena dosis de sales y la madre naturaleza es una trabajadora infatigable.

Le pregunte a Uf adonde va un hombre cuando quiere ir al retrete. Uf indicó el cielo, al tiempo que se destornillaba de risa.

--Hombre blanco ir al mismo lugar que indio. Allí en las praderas felices donde cazamos. Allí no tener que excusarse con nadie todo el campo tuyo.

--No era el sitio más apropiado, pues era un largo viaje y no estaba en condiciones de esperar tanto tiempo.

No pude aguardar más y salí corriendo al bosque, ya era demasiado tarde para dar explicaciones. Ocupe mi lugar en aquel bosque, maldiciendo a Jorge, al indio y a toda la desgraciada expedición. En aquel instante alguien me tocó en el hombro. No podía ver con demasiada claridad porque en mi prisa por entrar en contacto con la naturaleza, había olvidado mis gafas en la tienda. Volvieron a tocarme en el hombro aquellas manos extrañas… Con rapidez pensé que aquellas manos debían de llevar guantes. Si no era así, se trataba entonces de los dedos más peludos que yo había visto, la conclusión rápida con que actúa el cerebro decidí formar la imagen alta y fuerte del hombre de Nearderthal.

Cualquiera que me conoce estará de acuerdo conmigo en que soy persona que siempre esta dispuesta a hacer nuevas amistades. Por esto cuando volvió a tocarme en el hombro, me volví para corresponder al saludo. Al hacerlo, vi que aquel personaje estaba completamente cubierto de pelo. Decidí no saludarlo y eche a correr con todas mis fuerzas.

Resultaba difícil correr con los pantalones a la altura de las rodillas. Y para colmo con los pies desnudos. Llegue a mi tienda con una cabeza de ventaja sobre la criatura peluda y me lance de cabeza, sobre el único agujero que pude ver; el de mi saco de dormir. Decidí que, si pensaba engullirme para desayunar, tendría que empezar a hacerlo por los pies. Eran la parte menos importante.

La bestia metió su peluda cabeza dentro de la tienda y nunca he llegado a saber si fue por mi causa o por la razón de la creosota, pero lanzo un grito horripilante, dio media vuelta y se dirigió con rapidez hacia el lago. Creo que estaba mas enfermo que yo.

Ahora ya se por que nunca nadie había pescado en aquel lago. En el no había ningún pez. Mis amigos estuvieron pescando constantemente durante tres días, mientras yo jugaba a tute con Toro Sentado (Uf). Mis compañeros no pescaron ni un solo pez y, para colmo, ¡Uf me gano ciento setenta y cinco euros! En el camino de regreso bordeando el pantano, el indio confesó que en otro tiempo había sido croupier en un casino de Montreal.

Nuestro débil compañero se desmayo únicamente una vez más. Fue cuando volvimos a encontrarnos sanos y salvos en tierra firme de la gran ciudad y Jorge nos entregó la nota de lo que le correspondía pagar por la excursión, por el avión, tren y alquiler de coche.

Ya paro de contar historias de la pesca, aunque podría llenar verdaderos libros, pues cada salida a simple riachuelo era una odisea para mi y mis compañeros.

Pasarlo bien pescando, o simplemente mirando el paisaje que es lo más interesante… sin olvidaros de los crucigramas…hasta siempre

2 comentarios:

Carmina dijo...

chiquillo ni se te ocurra dejar las historias de pesca que no veas lo que me hacen reir... pero vaya historia tu amigo peludo era un oso hijo de mi alma...besos chato

Emma dijo...

AAhh!! me faltaba el final!! Pero mañana... hoy tengo sueño.. Bona nit...