martes, 26 de enero de 2010

Todo el sistema policial estaba frente de mí

Sigo en el hotel de Valladolid
Como era de esperar el octavo día el hotel ya no podía tener relaciones con gente que se afinca en una habitación sin saber nada del posible resultado final, deciden desplegar a toda la armada invencible de Valladolid a tomar decisiones conmigo.
En comisaria tome la iniciativa y tuve unas palabras de disculpas con el director del hotel y las también con las fuerzas del orden. Les volví a contar otra vez que mi socio me había dejado un par de veces anteriormente, estando más tiempo de lo que el pensaba… pero que no se preocupara porque Don Raúl siempre regresaba para liquidar sus deudas. Mi escasa explicación, no tuvo ningún efecto
Estos trapicheos no nos gustan –respondieron todos a coro –
Cuando llego un comisario que mandaba mas que el primer comisario, yo me puse el sombrero rápidamente para que no se notara mi estilo Troll, pelo rapado y con la oreja parcheada como un saqueador de hoteles.
El Súper Comisario, después de yo que repitiera mi larga historia una y otra vez, y cansado de tanta trifulca...que nunca llego a entender y menos aun el parche de mi oreja, decidió dejarme hacer una llamada a Barcelona
Llame a mis asesores y les pedí dinero para pagar el hotel y mi viaje de regreso.
Tres días después estaba en mi hogar. La Sociedad se había disuelto. Mi colección de tarjetas comerciales fueron a para a la basura.
Paso mucho tiempo antes de que lograra averiguar la verdad a cerca de Raúl, por que me había enredado y que hacia durante sus desapariciones.
Fue el padre de Raúl el que vino a anunciarme que ya no se hacia responsable de las deudas de su hijo. Y que si alguien podía hacerle llegar esa noticia nos lo agradecería. Desde mi renuncia creo que llegaron dos o tres denuncias más.
El tinglado de Raúl era el siguiente: Llevaba en su maleta muestras de pantalones y camisas…artículos elegantes y caros. Se los mostraba a los clientes y tomaba pedidos a precios ridículamente bajos. Los precios que marcaba eran irresistibles, por lo que no tenía dificultad en conseguir grandes pedidos y que le avanzaran importantes sumas al contado. Estas cantidades recibidas a cuenta eran los fajos de billetes que ostentaba cuando venia a rescatarme de las comisarias.
Por supuesto que ninguno de estos pedidos fue servido jamás. Esta era la razón de que Raúl tuviera que estar moviéndose, y moviéndose rápido
Mi papel en la ruta, sin que yo lo supiera, era el de servir de señuelo. En cuanto llegábamos a un hotel, mi ex socio se dedicaba a trabajar todos los pueblos pequeños de la zona, tomando pedidos y recibiendo dinero a cuenta. Cuando ya había saqueado bien el territorio, volvía a toda prisa, aullando a gritos para ponerme en libertad, y así si íbamos a otra población.
A sus futuros clientes les aseguraba que su socio, ósea yo, estaba en el hotel…Tal y Tal… preparando las entregas. Si lo deseaban, podían llamar al hotel para comprobarlo. Por suerte nunca llamo nadie para hacer indagaciones. Si alguno se lo hubiese olido, Raúl se habría largado con el pastel y yo hubiese recibido los golpes.
La única lección que aprendí fue simplemente esta: Nunca te fíes de un desconocido que anda ladeado.
Desde hoy solo contare cosas de quita y pon, para no cansar a los que…¡¡¡yo que se!!!