miércoles, 14 de noviembre de 2012

Algo del pasado verano

Hace días que no cuento nada, pero en vista de que hoy 14 noviembre 2012 es día de huelga general, y yo me aburro un montón, pues me decido a contaros algunas peripecias.

 El verano de este 2012 salimos del pueblo donde estábamos instalados para irnos a buscar un poco diversión en otro lugar más apartado, pero sin dejar de ser otro pueblo costero. Además de los cuatro amigos en la pensión que nos instalamos había otros seis turistas más, tres alemanes y otro de nacionalidad peruana, y también una pareja de chicas mexicanas.

Siempre hemos pensado que las chicas constituyen un invariable bombón irresistible. Bueno pues aquellas dos chicas se llamaban Rosario y Pepita, eran desgraciadamente como dos perros. Sus encantos exteriores comprendían una serie de dientes torcidos, un busto oblicuo y unas narices como mapas en relieve de mismísimo Alpes.

A pesar de todo éramos hombres, siempre al acecho y no con muchas exigencias, las dos eran un desafío para nosotros.

Cuando nos metimos en la pensión, no teníamos ni idea de que la cocinera procedía de más allá de Rio Grande. Por esto a la mañana siguiente, al descubrir que el desayuno se componía de unas cosas llamadas tamales calientes y café mexicano. Se trata de un café que no se puede describir en pocas palabras. Se trataba de algo que no podías beber… tuve que mascarlo con fuerza antes de tragarlo.

Los tamales nos parecieron un sustituto de los huevos. Y ciertamente tampoco estábamos acostumbrados a tomar frijoles para almorzar. Sin embargo, aquella noche, cuando la patrona nos sirvió su pieza de resistencia, chile caliente con carne, nos dimos cuenta de que, a pesar de que no estábamos en México, nuestros estómagos se encontraban orientados en aquella dirección.

Aquellas tres comidas no nos sentaron demasiado bien, y pasamos la mayor parte de la noche gruñendo, agitándonos y dando vueltas en la cama. Las comidas del martes y el miércoles no difirió en absoluto se la del lunes. No vario ni un solo gramo de chile. El miércoles por la noche habíamos comido tanta cantidad de aquella bazofia sazonada con pimienta, que la mayor parte de nuestro tiempo entre las comidas solo lo ocupábamos en consumir frecuente dosis de agua, en un vano esfuerzo para apagar los fuegos que abrasaban nuestros estómagos.

 Después de tomar nueve comidas mexicanas durante tres días, nos dimos cuenta de que el agua en cantidades anormales no era la solución a nuestro problema, lo interesante hubiese sido una manguera.

Próximamente ya contare nuestro acercamiento a las chicas mexicanas… Hasta pronto Amigos

6 comentarios:

La Gata Coqueta dijo...



Te envío en alas de las nubes la brisa y la esencia de esta mañana, que nos envuelve sus hojas con surcos de melodías, para endulzar las razones del pensamiento.

Un abrazo breve pero sentido.

Atte.
María Del Carmen



Emma dijo...

Como me siguen gustando tus azañas con las mujeres, con la comida, con el golf, con las bolas, con el mar...jajajaja..
Déjate de chiles, comidas raras e historias niño, nosotros pan amb tomaquet amb pernil salat, all i oli, carn d´olla, canelons... Es lo millor, creu-me Carles ;-)
Petonets nen, per cert... On es el que tens per mi? Em tornaràs boiga :S:D

Walkyria Rennó Suleiman dijo...

é, comida e garotas mexicanas, tem que ter estômago e intestinos fortes....ahhahahha

Carmen Magia Ruiz dijo...

Me gusta tu forma de contar, lo haces de manera amena e interesante.

Un beso.

Sakkarah

Towanda dijo...

Bueno, ¡qué sorpresa de entrada! me encanta lo que cuentas y sobre todo, el modo en que lo haces.

Besos.

La Gata Coqueta dijo...


Un esplendido fin de semana te deseo, al calor de la familia y amigos que son el soporte que hacen posible que la vida continúe en armonía irradiando felicidad.

Te doy un suave abrazo
bajo la bruma del silencio,
para hacerte llegar
el roce del afecto.

Atte.
María Del Carmen