martes, 23 de noviembre de 2010

Tengo necesidad de unas cortas vacaciones le dije a mi amigo Juan


-- Juan mi joven amigo, que siempre nos aporta optimismo a nuestro tedio cotidiano, me pregunta con ironía:
-- ¿Unas cortas vacaciones después de dos meses en el paro?
-- Según Juan, yo soy un hombre de vacaciones perpetuas y así son las cosas, llevo tanto tiempo de vacaciones laborales, que siento la necesidad de unas vacaciones festivas
-- Anime a Juan a que me acompañara a esas vacaciones, que no le costaría ni un euro, creo que fue esto último lo que le hizo decidir a venir conmigo.
--Decidí que iríamos a la vieja casa que había pertenecido a mi abuela Lola, que en paz descase, y esta la dejo en herencia a una hermana de mi madre y a la vez esta se la dejo a su hijo, o sea a mi primo.
--Cuando le pedí las llaves al primo, --me dijo—que la encontraría igual que cuando de chavales pasábamos los veranos en ella, que sentía mucho no haberla cuidado, que me gustara recordar todos los pequeños detalles, ya que nunca toco nada, ni hizo el mas pequeño remiendo.
--Cuando llegamos --Apenas entramos…Juan lanzó un grito desgarrador: ¡No hay luz!
--Le explique --, Nada de electricidad, ni motores, tampoco frigorífico, lavadora, nada de televisión, olla a presión, la única maquina es un sacacorchos de manivela colgado en la pared de la cocina. Nada de gas, sino estufa de leña, nada de agua corriente, solo el barreño que hay colgado. Para la iluminación, lámparas de petróleo y velas.
--Juan vino corriendo de su exploración en la primera planta, y jadeando.
--Me grito -- ¡El baño!, ¡No hay baño!
--Lo hay –aclaré --, El baño esta junto al lavadero. Allí esta la bomba del pozo, y la caldera para calentar el agua
-- Y de noche ¿Qué? – Me dice Juan–
-- Como si fuera de día...bajas, sales de la casa y vas al cuartito – le dije –
-- ¡Vamos! ¡Aquí uno regresa a la edad de las cavernas! – Replico Juan – Sin televisión, ni transistor, demasiado fastidioso para mi parecer.
--Cenamos a la luz de las velas; luz discreta y sedante
--Dormí profundamente y me despertó unos gritos de Juan
--¡Carlos! ¡Carlos!
-- Fui rápidamente a la ventana, Era una mañana fresca y con un sol radiante, Juan estaba abajo sentado en el césped, me mira y me dice ¡Huele! Notaras el aroma del pan de horno que hacen en aquella casa.
--Si, son los mismos de cuando yo era un chaval, ve corriendo a comprarles pan mientras yo preparo el desayuno.
--Pasamos el día tumbados y leyendo todo lo que pillábamos por la casa, el aburrimiento invadía Juan, en cambio para mi era de lo más relajante.
--Por la noche, Juan me dice que todo lo que hay en la casa funciona a las mil maravillas. Pero, al menos debería de haber teléfono. Imagina que uno de los dos se pone malo de improviso.
--Y si, por el contrario, uno de los dos se pone bien de improviso—le replique --, ¿para que serviría el teléfono?
--Era una observación sutil, de una lógica aplastante, Juan respondió:
--También es verdad.
---Así fue como pasamos cinco días de vacaciones festivas
--Antes de ir a dormir le dije --¡Juan! Hoy paseando por el campo vi unas fantásticas colmenas, ¿Sabes como se dividen las abejas de un panal?
--Si, me contesto—en reina, obreras y –zagales—
--Venga pues, a dormir y vigila con los zagales que son peligrosos – le dije –
Se que Juan no volverá nunca mas, pero lo que el no sabe, es que yo tampoco ¡volveré!