
Llegamos al Hotel Albergo Bella Vista justo cuando la lluvia estallaba sobre el Lago Mayor, era una fantástica tormenta de principios de verano.
Pero alrededor de las doce de la noche un murmullo tumultuoso me sacó bruscamente de mi profundo sueño. El golpeteo violento de una puerta, un grito de mujer violada, un aullido estridente.
Vi claramente que el Albergo estaba ardiendo, era la única vedad que se imponía. En otro tiempo durante un viaje por en norte de España en Viella, había empezado de la misma manera, tormenton, rayos e incendio, y todos en pelotas a la calle.
Aquel día desperté a mis compañeros…Despertaros, despertaros y vestiros deprisa ¡¡Seguro que hay fuego!!
Coño como corrían, el pánico iba en aumento. En la habitación vecina una mujer, sin duda encerrada y sin poder salir, por algún atasco de la cerradura, gritaba a través de la puerta.
Soy yo, Amelia. ¡¡Abrid!!
En el otro extremo del pasillo, se oía gritar:
¡¡Están en el 86 ¡! Idlos a buscar. ¡¡rápido!! ¡¡pronto todos a bajo en un minuto!!
¿¡¡En un minuto!!? No podíamos perder tiempo, ni un segundo…me abalance sobre mis calcetines y con mis manos temblorosas intentaba torpemente ponérmelos.
Isabel, que había desaparecido corriendo pasillo abajo…Surgió en aquel momento con mucha calma y con un tono algo desdeñoso nos dijo.
Este Carlos que un idiota cagado de miedo
¡¡¡Era un tren de peregrinos que se iban!!!
Estas cosas pasan, y vale mas prevenir que curar jeje